De vez en cuando
domingo 4 de septiembre de 2011
La Mentirosa
El color salmón hace más evidente la mugre de una pared, había que pintar el techo, pensó mientras intentaba encontrarle una forma mística a la secuela que la explosión había dejada en la bombita al quemarse. Otro viernes más que se quedaba sola en su casa, metida en la cama, tapada hasta las narices, mirando en su netboock series de televisión por una página pirata de internet, gracias a que le robaba la wifi a la vieja del lado que la tenía sin clave. Hasta eso en su vida era mediocre, ni siquiera podía pagar un cable decente y hacer zapping desde la cama como una persona común.
Era como si toda ella fuera decadencia. Y todo era mentira.
A veces no entendía porque mentía tanto, sabía que los que la querían no la querrían menos si confesaba la verdad, que tarde o temprano la iban a perdonar, pero no podía dejar de mentir. Todo era una mentira tras otra para tapar la madre de todas sus verdades. Sabía que no era merecedora del amor de nadie.
Era egoísta, ambiciosa, envidiosa y mentirosa. O eso pretendía hacerles creer a los que la rodeaban. Estaba segura de que es más fácil que no te quieran por mala que por fea. Por lo menos a los malos les tienen miedo. A los feos les tienen lastima.
Y sinceramente prefería que pensaran que era capaz de destruir una familia a que supieran su miserable realidad. Estaba tan sola como nunca jamás volvería a estar. ¿Cuánto más sola se puede estar cuando ni siquiera se tiene recuerdos a los cuales aferrarse? ¿Cuántas lágrimas te quedan después de llorar hasta el cansancio una historia que ni siquiera fue tuya?
Si por lo menos pudiera creerse su propia mentira, por lo menos viviría feliz en su realidad paralela, en el mundo que su psiquis había inventado. ¿Quién podría culparla si se volvía loca? Además estar loca es mejor que ser mala. La locura te exime, te da impunidad.
Pero ni eso tenía. No tenía nada de nada. O si, una mentira enorme que la definía y cobijaba, que le evitaba dar explicaciones, que la hacía invisible y misteriosa, que quizás y porque no, hasta la volviera irresistible para algún crédulo y mediocre como ella, que se la cruzara por ningún lado y por el mismo camino, y tal vez, solo así, podría dejar de mentir para empezar a contar una verdad, chiquita, humilde, sin pena y sin gloria, pero llana y definitiva de una buena vez por todas.
El estrépito de unos baldes que volaron en el patiecito cuando se levantó viento sur la hizo salir de sus cavilaciones. Una ráfaga abrió la ventanita de la cocina y una fetidez insoslayable se coló por la hendija; la gata se había quedado sin piedritas y había hecho pis sobre los porotos que tenía en remojo sobre la mesada para hacer el locro del día siguiente. Miró a Mrs Kitty con un gesto de reproche maternal, le sonrió con un suspiro y tiró los porotos a la basura.
jueves 11 de marzo de 2010
Como hoy
Hay días como estos en los que la distancia se me hace insalvable
No alcanzan los besos que te llevan en sus trinos las golondrinas
No llegan a destino las palomas mensajeras que te susurran al oído mis te amo
Ni el suspiro enamorado te llega con el viento
Ni el rocío de la madrugada tiene el olor de nuestro sudor.
Hay noches como esta, en las que la distancia no es otra cosa que la infranqueable realidad
No alcanzan los besos que te llevan en sus trinos las golondrinas
No llegan a destino las palomas mensajeras que te susurran al oído mis te amo
Ni el suspiro enamorado te llega con el viento
Ni el rocío de la madrugada tiene el olor de nuestro sudor.
Hay noches como esta, en las que la distancia no es otra cosa que la infranqueable realidad
lunes 9 de noviembre de 2009
Decisiones
“No te das cuenta que no puedo vivir sin vos” Le dijo él la ultima vez que la interceptó en el portón de la cochera de su trabajo.
“Prefiero matarme que resignarme a perderte”
Cuanta pena le daba su dolor, cuanto asco sentía por ella.
Se había humillado tanto por el amor de ese hombre que nunca la había respetado ni tenido en cuenta. Había soportado las peores vejaciones solo para demostrarle de lo que era capaz su amor. Y lo único que deseaba es que él desapareciera y la dejara vivir en paz.
“¿Cómo se puede amar a alguien que solo te lastima?” Le había dicho la tarde que lo abandonó para siempre.
Pero él no la dejaba en paz. Hacía más de dos años ya que se habían separado, pero él siempre encontraba una manera ridícula y cruel de arrastrarla a esos siniestros años en los que lo amaba y era capaz de las atrocidades más grandes solo por él.
Y ella quería olvidarse de todo eso, no le gustaba para nada recordarse de esa manera tan vil. “Mi límite es el dolor de los que amo” Le había dicho a una gran amiga, pero se olvidaba del propio.
¿Cómo se puede construir un buen amor, de esos que nos hacen crecer, que nos dan paz y felicidad, cuando las raíces sobre las cuales proyectamos la vida son nuestras propias miserias?
“El amor es otra cosa” Le habían dicho, y ella solo pudo entenderlo el día exacto en el que se dio cuenta que tanto dolor había matado el amor que sentía por aquel hombre.
De mil maneras distintas intentaba borrar de su cabeza todo lo pasado, pero no podía hacerlo desaparecer, envidiaba a aquellos que de tanto negar una realidad terminan olvidándola, como si nunca hubiera existido. Ella no había desarrollado ese mecanismo de defensa, él no se lo permitía.
Y ella necesitaba imperiosamente olvidarse de esa que había sido si es que quería por fin rehacer su vida, pero él se empeñaba una y otra vez, en trasladarla a aquellos días negros en los que “eramos tan felices juntos”.
“Yo no era feliz, hace años que dejé de serlo” Fue lo ultimo que le dijo, jurándole que ya nunca más volvería a hablarle. Pero él no se daba por vencido.
Hacía 10 días que no podía dormir, estaba decidida a ponerle fin a la situación. Cada vez que él la llamaba, sus respuestas eran crueles y despiadadas. Se burlaba de su dolor. Lo estaba enloqueciendo.
Sabía que solo era cuestión de tiempo para que él no aguantara más. Y ella estaba contando una a una las horas.
Y así fue. Esa noche llegó a su casa desencajado, toco casi 15 minutos seguidos el portero eléctrico, hasta que finalmente ella le abrió.
Con los ojos inyectados de furia, y a los gritos quiso someterla, pero ella solo se río con asco de él. Sabía que su orgullo no le iba a permitir violarla. Tanto lo conocía que jugo con él un juego macabro, del cual solo uno de los dos iba a salir vivo.
Era la única manera de ponerle fin a la situación.
Después de humillarlo por más de tres horas seguidas, burlándose de su dolor, obligándolo a arrastrarse suplicante, de echarle sal en cada una de sus heridas, hablándole de sus fracasos y vergüenzas, puso un revolver sobre la mesa ratona del living y le dijo: “Si es verdad que no podés vivir sin mi, demostrámelo, porque esto se acaba hoy acá”
Y un disparo seco despertó a los vecinos.
“Prefiero matarme que resignarme a perderte”
Cuanta pena le daba su dolor, cuanto asco sentía por ella.
Se había humillado tanto por el amor de ese hombre que nunca la había respetado ni tenido en cuenta. Había soportado las peores vejaciones solo para demostrarle de lo que era capaz su amor. Y lo único que deseaba es que él desapareciera y la dejara vivir en paz.
“¿Cómo se puede amar a alguien que solo te lastima?” Le había dicho la tarde que lo abandonó para siempre.
Pero él no la dejaba en paz. Hacía más de dos años ya que se habían separado, pero él siempre encontraba una manera ridícula y cruel de arrastrarla a esos siniestros años en los que lo amaba y era capaz de las atrocidades más grandes solo por él.
Y ella quería olvidarse de todo eso, no le gustaba para nada recordarse de esa manera tan vil. “Mi límite es el dolor de los que amo” Le había dicho a una gran amiga, pero se olvidaba del propio.
¿Cómo se puede construir un buen amor, de esos que nos hacen crecer, que nos dan paz y felicidad, cuando las raíces sobre las cuales proyectamos la vida son nuestras propias miserias?
“El amor es otra cosa” Le habían dicho, y ella solo pudo entenderlo el día exacto en el que se dio cuenta que tanto dolor había matado el amor que sentía por aquel hombre.
De mil maneras distintas intentaba borrar de su cabeza todo lo pasado, pero no podía hacerlo desaparecer, envidiaba a aquellos que de tanto negar una realidad terminan olvidándola, como si nunca hubiera existido. Ella no había desarrollado ese mecanismo de defensa, él no se lo permitía.
Y ella necesitaba imperiosamente olvidarse de esa que había sido si es que quería por fin rehacer su vida, pero él se empeñaba una y otra vez, en trasladarla a aquellos días negros en los que “eramos tan felices juntos”.
“Yo no era feliz, hace años que dejé de serlo” Fue lo ultimo que le dijo, jurándole que ya nunca más volvería a hablarle. Pero él no se daba por vencido.
Hacía 10 días que no podía dormir, estaba decidida a ponerle fin a la situación. Cada vez que él la llamaba, sus respuestas eran crueles y despiadadas. Se burlaba de su dolor. Lo estaba enloqueciendo.
Sabía que solo era cuestión de tiempo para que él no aguantara más. Y ella estaba contando una a una las horas.
Y así fue. Esa noche llegó a su casa desencajado, toco casi 15 minutos seguidos el portero eléctrico, hasta que finalmente ella le abrió.
Con los ojos inyectados de furia, y a los gritos quiso someterla, pero ella solo se río con asco de él. Sabía que su orgullo no le iba a permitir violarla. Tanto lo conocía que jugo con él un juego macabro, del cual solo uno de los dos iba a salir vivo.
Era la única manera de ponerle fin a la situación.
Después de humillarlo por más de tres horas seguidas, burlándose de su dolor, obligándolo a arrastrarse suplicante, de echarle sal en cada una de sus heridas, hablándole de sus fracasos y vergüenzas, puso un revolver sobre la mesa ratona del living y le dijo: “Si es verdad que no podés vivir sin mi, demostrámelo, porque esto se acaba hoy acá”
Y un disparo seco despertó a los vecinos.
sábado 20 de junio de 2009
A Nostalgia
Sábado por la mañana frío y nublado. La plaza del barrio natal. Habían pasado algo más de 8 meses, sin embargo el proceso había llevado varios más antes del cambio rotundo iniciado el 4 de octubre de 2008.
Los procesos personales son subjetivos, para algunos alguien no puede cambiar tanto en un año. No obstante la ebullición llevaba años gestándose, hasta que un buen día exploto todo por los aires, y la onda expansiva arrasó con todo lo que había alrededor.
¿Cuan ciega y sorda pueda estar la gente que te rodea? Que un buen día, se siente desorientada, cuando se da cuenta que ya no queda un solo vestigio de eso que tenía en común con vos.
¿Existe una manera convincente y considerada de avisarles que estas cambiando?
¿Vale la pena hacerlo? Si sabés que ellos no van a poder acompañarte en tu nuevo camino.
Lo extraño era que no sentía ni siquiera nostalgia, solo esa sensación de haber despertado de un dantesco sueño. Como si todos hubieran sido personajes de una película que alguna noche de insomnio y aburrimiento vio por Europa Europa.
¿Puede uno despegarse así de una parte importante de su vida? ¿Será normal?
¿Pero que es lo “normal”? Seguir viviendo una vida que ya no te pertenece, con personas que solo son rostros conocidos, de los cuales conocés algo como si hubieras leído su historia del libro del Secundario. Esas personas solo significaban nombres y hechos históricos poco trascendentes, solo eso, nada más. ¿Es justo para ellos?
Al llegar a la casa de su madre, apagó el mp4, acarició el perro y empezó la leer la crítica de cine del diario local.
Y todas las fichas del tablero volvieron a su lugar. A Rey muerto, Rey puesto, pensó.
Los procesos personales son subjetivos, para algunos alguien no puede cambiar tanto en un año. No obstante la ebullición llevaba años gestándose, hasta que un buen día exploto todo por los aires, y la onda expansiva arrasó con todo lo que había alrededor.
¿Cuan ciega y sorda pueda estar la gente que te rodea? Que un buen día, se siente desorientada, cuando se da cuenta que ya no queda un solo vestigio de eso que tenía en común con vos.
¿Existe una manera convincente y considerada de avisarles que estas cambiando?
¿Vale la pena hacerlo? Si sabés que ellos no van a poder acompañarte en tu nuevo camino.
Lo extraño era que no sentía ni siquiera nostalgia, solo esa sensación de haber despertado de un dantesco sueño. Como si todos hubieran sido personajes de una película que alguna noche de insomnio y aburrimiento vio por Europa Europa.
¿Puede uno despegarse así de una parte importante de su vida? ¿Será normal?
¿Pero que es lo “normal”? Seguir viviendo una vida que ya no te pertenece, con personas que solo son rostros conocidos, de los cuales conocés algo como si hubieras leído su historia del libro del Secundario. Esas personas solo significaban nombres y hechos históricos poco trascendentes, solo eso, nada más. ¿Es justo para ellos?
Al llegar a la casa de su madre, apagó el mp4, acarició el perro y empezó la leer la crítica de cine del diario local.
Y todas las fichas del tablero volvieron a su lugar. A Rey muerto, Rey puesto, pensó.
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