A veces estoy tan sola, que me siento chiquita ante tanta inmensidad.
Y otras tengo la certeza de ser lo único que existe entre la nada misma que me rodea.
A veces desierto.
Otras mar de lágrimas.
Algunas veces esta soledad me vuelve opaca, casi transparente.
Y tantas otras me enceguece con su brillo.
A veces grito desesperado.
Otras silencio de tumba.
Algunas veces me siento imprescindible.
Y otras tantas sé que si me esfumara ahora mismo, nadie lo notaría.
Rodeada de manos, de voces, de gestos y yo sola, siempre sola.
Pero no más sola que cuando estabas conmigo.
3 comentarios:
Madurar es doloroso, no hay opción, ya vendran las alegrias como su consecuencia. besos
mal acompañada, nunca.
La soledad enseña, hay que saber escucharla.
Dejarla hablar,.
un abrazo"!, buenpost!
te perdès en la soledad pero tratas de revolver los recuerdos.
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