Mi cuerpo cobra una dimensión inexplicable,
como si solo fuera una inútil extensión del tuyo.
La luz se vuelve tenue cobijo de mi nostálgica alma,
que no se anima a confesarte su tristeza.
Mi casa se vacía, llamándote a gritos desde mi anhelo.
Las sillas, la mesa, las copas, todo te reclama.
La cama es el sitio adecuado para el destierro
que provocaron tus besos en mi piel.
Mis palabras no tienen sentido,
como si no tuviera nada que decir,
nadie que me escuche.
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